Querido hermanito,
Recién hoy día he tenido ánimo para escribir.
Si te fijas el relato lo inicié el 17 de Marzo y recién hoy, domingo 11 de Abril, pude finalizarlo. En cada momento que podía, lo retomaba. Luchaba por concentrarme y no podía. No te imaginas cuántas veces lo intenté sin éxito… snif…
Los días transcurren lenta y pesadamente. Trato en lo posible de mantenerme ocupada ya sea barriendo el patio, tendiendo ropa, poniendo la mesa….
Ahora me encuentro en Talca. Estoy viviendo la situación de estar de allegada en casa de mis consuegros. Situación que nunca me imaginé tener que sufrir. Sufrir, en el sentido de estar transplantada... por tercera vez....desde aquella noche del terremoto.
Primera noche [ de madrugada ]
27 de Febrero 2010. Estoy en la calle Pelantaro entre Los Carrera y Maipú. ¿Cómo llegué aquí? Un matrimonio amigo, Lucy y Nelson, fueron en auto a buscarme al edificio después del primer terremoto. Yo aterrada, yendo por Avenida Chacabuco… sorteando escombros del pavimento que se había levantado o fracturado… cuando llegamos a la calle donde vivía su hermana Maggie decidí quedarme… no quería estar en un lugar cerrado [auto o cualquier cosa con techo].
Me había refugiado en un estacionamiento que un vecino de ese sector [al cuál no conocía] ya había abierto para que la gente se cobijara. ¡Era lo más seguro! Todos estábamos aterrados… la tierra temblaba… se calmaba y se volvía a remecer… cuando venían los movimientos me ponía de pie… ¿para qué? ... era todo lo que hacía… aparte de lloriquear, lagrimear, abrazarme a mí misma...y sentirme en la indefensión total ¡qué incertidumbre! ¿Cuando iba a terminar? …ese ruido infernal semejante al que un camión provoca en su desplazamiento…después comenzaba a moverse la reja de fierro… vibraba… y luego otro ¡sacudón! Me lo pasé en eso toda la madrugada… Deseando a ratos ir al baño por la sonajera de tripas que tenía provocada por las neuras y taquicardias que no podía controlar…susto...susto… miedo… miedo. Para mí, todo estaba oscuro salvo que algún vehículo pasaba disparadamente arrancando o buscando a sus familiares...escuchaba a ratos Radio Bío-Bío de un vehículo que se encontraba cerca... ¡¡¡No hay alerta de tsunami!!!... buscando donde hacer mis necesidades.... sentada en el concreto del suelo...parándome con cada movimiento de tierra. Hasta que por fin pude ir al baño de una chica que me dijo su nombre pero que en este momento no recuerdo...tampoco su cara... por la boca de lobo que había [mientras voy relatando y revisando lo que recuerdo, escribo, visualizo que había luna, la que algo alumbraba pasando por entre las hojas de los árboles de esa cuadra] ... me di cuenta que ella , al igual que yo, estábamos solas…me refiero...sin familiares.... le escuchaba sus ruidos abdominales por así decirlo...y le conté lo que me pasaba...
Ella me dijo:
– estamos igual... vivo al frente… al parecer el edificio no tiene quebraduras...
–¿en qué piso?
– en el primero al lado de la puerta de entrada...¡vamos!
Cruzamos, tomadas de la mano, pensando antes en qué lugar protegernos por si venía un sismo más fuerte.... y por fin lo pudimos “hacer ...” Cuando regrese a Con-cepción la visitaré y nos reconoceremos por lo vivido juntas en su baño. Si hubiese estado en un piso más alto jamás lo hubiese hecho, le habría propuesto buscar un rinconcito en la calle aunque a esa altura ya era ridículo pensar en el pudor.
El 27 amaneciendo decidí partir a casa de [nuestro hermano] Rubén... por milagro, no sé en qué momento, había agarrado el celular al salir de mi departamento... llamaba... llamaba... no había señal... ¡nunca la hubo! Comencé a caminar la calle Pelantaro, Avenida Roosevelt, Plaza Perú [no me atreví a hacer la cortada por el Barrio Universi-tario porque ya, a esa hora sabía que las explosiones que habíamos estado escucha-do habían sido provocadas por elementos químicos en una de sus facultades] Calle Edmundo Larenas y, por fin ¡Calle Beltran Mathieu!
Llegué...causando sorpresa... Sólo faltaba Carola [la hija de mi hermano]. Ellos no habían querido moverse esperando tener noticias suyas. No recuerdo si fue ese mismo día o al día siguiente que ella pudo comunicarse... estaba en ¡Talcahuano!
Vuelvo a no recordar en qué momento fuimos a buscar mi camioneta al departamento. Rubén tenía poca bencina y la estaba reservando para ir en busca de Carola en tanto pudiese saber su ubicación. Subimos al departamento a buscar todos los alimentos del refrigerador además de ropa ya que yo andaba en pijamas y parka. Mi hermanito, que es tranquilo, se puso a levantar dos muebles que habían caído y demases....Yo me ataqué ya que en ese momento nada me importaba más que salir de ahí lo más rápido posible. Claro, pasar un terremoto en un edificio nuevo de 13 pisos más 3 pisos de subterráneo no es lo mismo que pasarlo en una casa de dos pisos de concreto y asísmico... Sólo pensaba que todo se derrumbaría.
Neura yo, como en todo momento, fuimos en busca de AGUA ELEMENTO FUNDAMENTAL. Para los seres pensantes, más aún con experiencias catastróficas como por ejemplo, la inundación [de Concepción] que viví en el 2006. Obviamente, ya no había.... no existía...sólo bebidas...una que otra...o jugos...Todo cerrado. Les propuse partir a mi antiguo barrio Collao e ir donde mi antiguo “caserito”...claro, al verme... me dijo “sólo me queda una gingerel grande y un paquete de cigarrillos... [al precio oficial] Ellos habían estado abasteciendo a la población cercana poco después del terremoto. Incité a Rubén para que fuéramos al barrio cercano…donde yo también había ido ocasionalmente a comprar...”bájate y compremos lo que haya y yo lo haré acá que es más cerca…corre…corre… “ Así compramos: 4 bolsitas de carbón [no recuerdo el valor ya que no es un producto que habitualmente compre] 3 pack agua mineral con gas… era lo que quedaba... 1 pack de 10 unidades c/u de 250 c.c. a $3000....fuera de mi ex barrio ya los precios se habían disparado....Ah…el sueldo mínimo $160.000 incluyendo las imposiciones [un euro = 650-700 pesos chilenos]… galletas…[pan no existía…de ningún tipo... forma ni tamaño...] a $1000 [antes $450 redondeando] jugos desde $1000 a $1500 [antes $800 redondeando]
Regresando a casa, Rubén empezó a preparar el carbón para cocinar y empezar por los alimentos que se estaban derritiendo o por derretir. En el recorrido previo, los cuatro, todo cerrado, muchas casas con escombros… Concepción era una cuidad en ruinas. Desde el momento del terremoto ya no había agua, luz ni gas. Estuvimos de barbacoa obligatoria entre temblores y temblores.
Segunda noche [ para mí ]
Dormimos en el patio cobijados bajo dos grandes quitasoles y uno pequeño que tenía en la camioneta...acostados los tres cada uno en reposeras, abrigados con mantas... ubicados en el patio… dónde Memé [nuestra madre] tuvo su gran círculo de azaleas... donde por mucho tiempo había estado un pino de Navidad. Rubén me había propuesto desde mi llegada alojar en el auto...Oh!, nooo. Para mí ese, el patio en el centro, era el único lugar seguro….y me mantuve en mi idea poco comprensible.
En la mañana, con cuatro bidones de 5 litros cada uno, partimos con mi hermano a buscar agua a la Cascada del Parque Ecuador.....por la tarde ya había una larga cola y muchísima gente...le dije que se adelantara mientras me estacionaba, que se fuese a ubicar mientras yo subía...la gente humilde... muy buena... me ayudaban a subir ... estaba muy empinado... los cuasi peldaños… altísimos y muy húmedos por el agua.... ¡no se vaya a resbalar!... ¡mucha gente ya ha caído ! claro, mi bastón ayuda para que la gente sea empática... en mi subida me percaté que un chorrillo de agua salía de entre las piedras… también había gente haciendo cola…esperando su turno… las conté... siete... le dije al último joven que me ayudara a pasar hacia el otro lado... debía hacerlo a horcajadas… como era complicado, el chico me dijo... “señora, mejor yo lo hago... yo se los lleno”... ¡qué gentileza! A Rubén no lo veía... estaría ya en lo más alto tratando de afirmarse para llegar al pozo de oro.... ya me habían llenado los dos bidones cuando lo veo que viene acercándose y diciéndome... ¡arriba es durísimo...y peligroso! le dije... “acá… ponte a la cola y llénalos....hum... el agua no estaba cristalina... es más, tenía residuos de barro, arena y quizás que más… pero ¡era agua! que podía ser usada con cloro para por lo menos lavarse las manos… o los dedos. Llegamos a casa.... Rubén, decidió hacer un hoyo... cerca del parrón....para hacer nuestras necesidades.... como pozo negro.... yo neura, fui la primera en inaugurarlo y luego taparlo con una tabla que él había encontrado. El día transcurrió lentamente... a veces apostados en el antejardín de la casa pensado que Carola podía aparecer [no lo comentábamos], veíamos pasar gente a pie de la población”Agüita de la Perdiz” con carros del supermercado llenos con alimentos… y artículos no necesarios...como bicicletas, licores... tranquilamente… a vista de todos.
Tercera noche [ para mí ]
Volvimos a dormir en el mismo lugar ya un poco más preocupados... el saqueo y el vandalismo ya se había desatado [después supe que éste había comenzado la misma noche del terremoto y que había continuado incorporando incendios en los mismos] y, ahora yo pensaba para dentro ¿si nos asaltan a nosotros? Los movimientos seguían… paraban y volvían. El clima con sol, en la tarde nublado con mucha humedad. Amanecíamos con las frazadas húmedas.
Ya al medio día, Angélica [mi cuñada] estaba preparando una cazuela con agua mineral [lo único potable]. No alcancé a probarla ya que Rubén estaba decidido a dormir en casa y en cama… debía retomar sus labores y, claro, no era para nada confortable estar como habíamos estado. Yo, con las neuras al vivo me oponía… estaba aterrorizada… me planteó que no era necesario, que la casa estaba en perfectas condiciones, que la revisara para convencerme, que me acompañaba a que la viera por dentro, que era contraproducente que Angélica que se mantuviese en el patio ya que podía enfermarse más aún. Ella tampoco quería entrar. Rubén Emilio [mi sobrino] también trató de convencerme de que entrase para que viera los colchones que ya habían instalado en el living. Los miré desde la terraza sin atreverme a entrar y sólo le dije que no lo ubicara debajo del ventanal por razones obvias... pero que yo igualmente no entraría. Estaba enceguecida, no razonaba. Frente a la violenta situación, decidí irme ya que si me quedaba Angélica continuaría a la intemperie conmigo. Pensé que viéndose sola cambiaría de parecer… y así fue. No lo supe hasta muchos días después.
Tomé la camioneta, sola y sin rumbo. Mi familia quería que yo me llevase algunos alimentos. No quise y me negué rotundamente causando más problemas. Pero ¿cómo me los iba a llevar?… si ni yo sabía en dónde iba a parar… ¿hambre? Uno en esa situación no piensa en comer. Sólo tenía sed. Muy afectada decidí visitar a mis amigas deseando quedarme en un lugar seguro. Pocas estaban solas pero ubicadas en sectores no seguros o habían tenido que evacuar por peligro de derrumbamientos y otras ya con familiares. Así pasé la tarde… muerta de miedo… las calles evidencian-do la catástrofe… cuidándome de los cables eléctricos, casas y pavimentos en mal estado. ¡Qué desdicha! ¡Qué desolación!
Cuarta noche [ para mí ]
Finalmente, llegué a casa de Úrsula y José Antonio. En realidad no estaban en el departamento mismo, estaban en el estacionamiento al aire libre del edificio. Al verme me acogieron. Estaban solos. Sus hijos en sus casas. Espacio había. Era tal la psicosis que gran parte del día nos quedábamos en el estacionamiento. Sólo nos entrábamos entrada la noche… los vecinos por turno se quedaban haciendo guardia.
Ellos y sus vecinos se organizaron haciendo una olla común, en las tardes, barbacoa. Todos aportaban los alimentos que le iban quedando… siempre empezando por los congelados más derretidos. Los saqueos seguían al igual que el vandalismo. Comenzamos a fijar turnos de vigilancia incluidos los distintivos. Me entretuve haciendo brazaletes rompiendo una sábana que un vecino aportó. Teníamos cinco turnos. Otros hicieron barricadas con restos de lo que fuera y encontraran. Los militares aún no aparecían.
Seguían los movimientos… no tan seguidos.
Mi celular, que nunca pudo comunicar, ya se había descargado. Unos vecinos trataron de cargarlo. Nada. Otro me prestó una carcasa y le puse mi chip. Tampoco. Continua-ba sin poder llamar. Mi amiga comenzó a recibir llamadas de su hijo desde Santiago. Con mala recepción. Se cortaba. En una de esas, se me ocurrió que pidiera enviara un correo a mis hijos para decirles que me encontraba bien y en casa de ella. Se logró. Eso lo supe al día siguiente.
Quinta noche [ para mí ]
Unos vecinos jóvenes salían a comprar en mercado negro. De esa manera nos proveíamos. ¡Había comenzado el desabastecimiento entre nosotros! Las familias que tenían hijos menores debían conservar lo que tuviesen. Eso, todos los entendíamos. No eran más que dos. Algunos de a poco iban recibiendo alimentos que sus familiares le llevaban… la mayoría ya habían abandonado el edificio. Sólo quedaban diez departamentos ocupados, incluyéndonos [La comunidad se compone de cuatro edificios de cinco pisos cada uno. En el de mi amiga consta de diez departamentos].
La basura se había estado acumulando desde antes del terremoto. Los tarros ya estaban repletos, desbordados y el olor ya era a descomposición. Comenzamos a vaciarlos seleccionando papeles, restos de comida y vidrios. Así quedó un poco más protegido de bichos y ratones [No recuerdo si esto lo hicimos el día anterior. No importa. Lo hicimos.
Esa noche, tampoco lo recuerdo bien, prepararon una sopa con algunos alimentos que quedaban. Ursula aportó dos zanahorias, otro ají [guindilla] otro, cebolla... ¡Tomamos sopita caliente en tazones!… ¡Qué delicia! Si hasta le encontraba sabor a huesito. El fuego de la barbacoa improvisada en el estacionamiento, se mantenía encendido todos las tardes hasta que… aclaraba. Todas las noches era como una boca de lobos. Continuábamos sin agua, luz ni gas. Mis amigos tenían una cocinilla de camping. Se ocupaba para lo estrictamente necesario ya que no tenían como reponer los baloncitos de gas. No recuerdo qué almorzábamos. Sí el desayuno… yo, cafecito ¡caliente! Las bolsitas me las habían conseguido en el mercado negro. Mi tesoro. Mi amiga tenía un tarrito chico… ellos habitualmente no lo consumen… como quería que contaran con ese, había encargado. Ya ni sé cuánto pagué [Lo bueno es que el día antes del terremoto había sacado dinero del cajero automático] ¡Cueva! [suerte]
Seguían los turnos de vigilancia. ¡Ya habían aparecido los militares! y, el toque de queda... desde las 18:00 A.M. hasta las 12:00 P.M. Nos dijeron que ya no era necesario pero igualmente se continúo, ya que como patrullaban otros sectores podría ser necesario. Nos insistían que nos mantuviésemos dentro del recinto, atrás.¡ Ya estábamos más tranquilos! El negocio que está al frente de donde yo estaba, igual. Para no ser saqueados ubicaron dos camionetas sobre la vereda tapando la entrada vigilado por su dueño y amigos, más armas. Ese local sí estuvo atendiendo y ya no tenía más para ofrecer.
Ir en busca de agua seguía siendo otra tarea. Ya más especializados, con llave para abrir grifo y manguera; nos dirigíamos al Barrio Universitario… compartiendo la idea.
Sexta noche [ para mí ]
El día anterior, mi amigo había decidido viajar a Coyanco [Quillón] en busca de alimentos. Por lo que poco antes de que se levantara el toque de queda habíamos ido a hacer cola, con cuatro bidones, a una gasolinera para obtener combustible. Fuimos mi amiga y dos jóvenes vecinos. Dos horas y media y lo logramos.
Partimos al pueblo. Poco antes de llegar, mi celular sonó. Era Tere. El viernes 5 me vendría a buscar por tierra desde Talca. Allá todo tranquilo. Compramos lo que encontramos. Además unos vecinos nos habían encargado: pañales para adulto… leche… manteca…harina….
Alojamos en su parcela. Para mí terrible ya que la casa se había sacudido bastante y tenía una pared, la del baño, fracturada. El resto bien. Sin agua, luz ni gas. Otra boca de lobo. La casa está ubicada en una ladera, parecido a la del abuelo en Dichato, tipo palafito. Me imaginaba que en uno de los tantos movimientos podría rodar hacia abajo... Intenté dormí en el dormitorio de ellos, a un costado… vestida como lo había estado haciendo desde el terremoto. Los movimientos seguían así es que me fui al living esperando que aclarara. Mi amiga me acompañaba ya que estaba igual de asustada. Ya me habían dicho que no podía quedarme afuera, que podían asaltarnos.
A medio día cargamos la camioneta y partimos de regreso a Concepción. Veníamos abastecidos. Al llegar a la Rotonda Bonilla nos encontramos con un gran atochamien-to [atasco] y claro con la psicosis de que nos pudieran quitar lo que atrás traíamos. Nada pasó. Arribamos. Nos enteramos que sólo había llegado electricidad.
Tere estaba esperándome. No recuerdo la hora… cuatro, cinco de la tarde? Así es que me bajé rápidamente para emprender viaje de regreso a su cuidad [Talca]. La carretera estaba en algunos tramos evidenciando el 8.8… pavimento quebrado… grietas en la tierra… protecciones retorcidas… desvíos…
¡Esa noche recién pude escuchar a mis hijos! ¡Qué emoción! después de ¡siete días! ¡Qué alegría!
Ya estando en casa de mis consuegros pude LAVARME manos, cara, ducharme, lavarme el pelo CON AGUA POTABLE CALIENTE [Esta maravilla no había sido posible desde el sábado 27 de febrero], dormir con pijama limpio en una cama compartida…
Mis neuras, eso sí continuaron tras sacudón y sacudones… Ahora los temblores han ido disminuyendo… igual me asustan…igual sigo pensando y ¿si viene otro más fuerte? … la experiencia fue brutal… cada vez que sucede me viene a la memoria el RUIDO que los precedía… eso asusta muchísimo-
Hermanito, quiero decirte que aún estoy perdida en forma detallada con lo sucedido en cada día post la tragedia. Traté de recordarme, visualizar cada momento y es lo que recuerdo. Quizás los hechos vividos fueron horas antes u horas después… mañanas antes o tardes después. Lo único que te puedo asegurar que lo mío no es NADA frente a lo que OTROS vivieron y están viviendo.
Cariñitos
Tu hermana.
Ana María |